24.8.08

En el nombre del perro


Un caso de extraviado nominalismo

El “perro viringo”, o “perro calato” es una bestia nacional cuyo mérito inmanente es la persistencia. Cuando la raza del señor de Sipán (entre otras) se abandona alucinada a sentir orgullo por el caballo de paso y emprende otra guerra contra Chile por la paternidad del pisco y del suspiro a la limeña, este guapo animalito emerge con paso gracioso, agitando el rabo desde la bruma de los tiempos con su esplendorosa afirmación de realidad.

Durante la infancia de este croniqueur en la desconcertante “Ciudad de la eterna primavera”, algunos viringos cumplieron servicio doméstico en la casa paterna. Y aunque su paso por el mundo fuera truncado por inoportunos vehículos, los animalitos nos dejaron la experiencia de su cálida proximidad, su piel de lija y una maciza certidumbre acerca de su dual nombre común: viringo o calato.

Muchos años después, un bienaventurado escribiría sobre él, que es “un perro tan peruano como el caballo de paso”. Para entonces estos admirables ejemplares de la fauna nacional (me refiero a los canes) habían cobrado enorme celebridad y soterradamente también habían cambiado de nombre genérico. Ahora, inverosímiles expertos en lanas de perro los denominaban “Perro sin pelo peruano”.

Muy pocos, canes o humanos, pisan el áspero suelo de la costa peruana con tanto donaire y pertenencia como el Viringo o Calato. Y esto se debe a que vienen trasegando los arenales algunos milenios antes de que los caballos aprendieran su pasito coquetón, cuando ya se había tornado innecesario pisotear indios en las guerras de la conquista.

Aunque el viringo o calato no tiene todavía ningún programa de televisión y está a salvo de que Chabuca Granda le componga un valsecito, su repentina apreciación en el jet set internacional de los perros finos y de los fanáticos de la eugenesia, ha crecido sorprendentemente.

Tanto que a algún comisionado de una asombrosa sociedad de cinófilos peruanos se le ocurrió (al parecer no hace mucho) utilizar un nombre que otorgue “presentabilidad” internacional a nuestro vivaz, caluroso y lampiño compatriota. Y este cinófilo, animado por algún entusiasta proyecto nacional, sustrajo al vulgo el nombre del viringo o calato y entre el universo de los nombres existentes, desdeñó todos y pergeñó uno, peregrino, candelejón y presumiblemente inspirado en el del los caballos peruanos de paso.

Pero no intentaremos seguir husmeando en los arcanos del mecanismo mental que llevó a la "invención" del fementido nombre. Estos permanecerán normalmente fuera del alcance de la mayoría de los mortales. Afortunadamente. Porque desenredar estas cotidianas madejas puede resultar peligroso: o nos hacemos los cojudos para siempre o reiniciamos nuestra habitual guerra civil.

Puedes imaginar, interétnico lector, que a algún alucinado se le hubiera ocurrido cambiarle el nombre al “bull dog” para llamarlo “perro sin ñata de la Gran Bretaña” por considerar que el nombre “perro-toro” suena muy inelegante. O por el contrario, que “perro pastor alemán” fuese un nombre falso inventado por algún teutón con ideas peculiares acerca del decoro?.

Pero no hay duda de que el mecanismo es muy ilustrativo de los procedimientos de la índole perulera que “rompió las cadenas de la esclavitud” hace casi 200 años: la continuación de la conquista por medio de los nombres: por el mismo procedimiento y por unas cuantas razones de estado, nuestra nación está casi convencida de que los indios ya no existen, de que el trago nacional es el pisco y no la chicha y que “sin pelo”, es mejor que calato.

“Tan peruano como el caballo de paso” es también una extraordinaria frase capaz de armar la gorda. Los indigenizantes opinarían que esto no es verdad, que los caballos de paso son algo menos peruanos ya que habitar el territorio con algunos milenios de anticipación debe producir alguna maldita prerrogativa. No para los asuntos relacionados con la peruanidad, responderían los criollos, blandiendo cual apostol Santiago su fervoroso proyecto nacional de facto.

Ha llegado pues el tiempo de preocuparse: alguien podría esta armando un pedigree para su “perro sin pelo peruano” que podría fácilmente llegar hasta mismísimo fomativo.

Finalmente unas palabras para los expertos del Kennel club: el perro viringo o calato, si tiene pelo.

12.7.08

Ejercicios espirituales para gente de izquierda

“con esa lógica peculiar que da el odio, juraban que nunca había pisado la China
y que en los templos de ese país había blasfemado de Alá.”

(La busca de Averroes. J.L. Borges)


Hace algún tiempo me rondaba la idea de fundar un blog en que se ejerza la crítica ilustrada de la publicidad, ésa que se emite en la chusca televisión de señal abierta, y que está diseñada para el vasto público. Acaso no lo he hecho todavía por el temor de que el tema resulte muy exigente y me obligue a escribir demasiado seguido.

La historia de la publicidad en la televisión ha sido pródiga en comerciales de triste recordación, desde los sosegadamente estúpidos hasta los ofensivos y los francamente racistas en un país en que “todos somos cholos” y los indios son una especie ya extinta. Y puesto que los comerciales pretenden ejercen su ansioso influjo en el espacio de lo deseado, siempre encontrarán un caldo de cultivo rabiosamente fértil para el disparate.

Del ejercicio de la crítica, siempre me ha atemorizado la necesidad de hacer juicios éticos y estéticos en base a opiniones irremediablemente subjetivas. Tal vez no haya otra manera.

Tiempo atrás, ejercí con fervor el anticlericalismo por una razón fundamental: me negaba a aceptar que los curas se arrogaran por costumbre, prestigio, o derecho divino la pericia infalible para distinguir entre el bien y el mal. De entonces, me queda el espíritu de desconfianza contra cualquiera que pretenda imponerse como arbitro de la decencia, de la inteligencia, o de la corrección política. Un espíritu de franca abominación, contra los bienaventurados que se computan ungidos por nacimiento (o algo) para ejercer el apartheid de la inteligencia y la decencia, y cuyos mas conspicuos representantes en los tiempos actuales ya no son curas, al menos en apariencia.

El ámbito de la propaganda política es especialmente aciago. Todos los gobiernos o partidos, que recuerdo desde el gobierno militar, han practicado una política propagandística improvisada, poco elegante, poco original, pero a veces no poco efectiva. El partido aprista, tan segregado por sus detractores de los exclusivos predios del esprit de finesse, tiene el curioso galardón de haber utilizado las propagandas políticas más recordables o polémicas en los últimos 30 años: extraídos al azar, están el spot “el Apra es el camino” de los 80 (basado una memorable secuencia de la película Cabaret), el spot en que Alan cantaba “y se llama Perú” a duo con el zambo Cavero, y para los más jóvenes, el spot de las estrellitas animadas bailándose un perreo chacalonero.

De otros partidos políticos, el único spot que recuerdo, es el sensacional “El incháustegui” y como caso singularísimo de las canteras de la izquierda (aunque fuera de la TV) se recuerda los el despliegue de cubos de cartón en los postes de alumbrado de la lideresa Gloria Helfer, y a ella misma planeando cual pelícano sobre las contaminadas aguas de la Costa Verde y Larcomar.

Por otro lado, el reciente spot del Partido Aprista en que se muestra a Montesinos declarando en un juicio público que “en la década del 90, el Sutep nunca hizo una huelga al gobierno del presidente Fujimori” no ha fue efectivo en su voluntad de socavar el paro parcial del 9 de julio porque fue torpedeado por una andanada de críticas por parte de los analistas políticos y agitadas clamorosamente por los medios.

El resultado fáctico es indiscutible: El partido de gobierno ha sufrido una derrota en el ámbito mediático. El spot tenía potencialmente grandes posibilidades de conmover a la opinión pública porque su mensaje era esencialmente verdadero (ninguno de los analistas políticos podría negar que en los 90 el SUTEP mantuvo su beligerancia muy por debajo de los estándares habituales). Aunque haya sido el mismo Satanás el que lo afirmara, la proposición es estadísticamente constatable.


¿Qué pasó, medita el contrito, con estos acontecimientos?
Muchos recordamos al diablito que dice por una oreja que nos reventemos la plata mientras que en lo otra oreja un angelito nos dice que mejor ahorremos en el banco. Para persuadirnos de ahorrar, el angelito requiere de una pequeña ayudita del maligno. Evidentemente, en los anales del mundo de la publicidad, el procedimiento de utilizar al demonio no es nuevo, lo que sí parece serlo sorprendentemente, al menos en nuestro país, es la discusión de temas éticos concernientes a la publicidad. Lo cual me parece una práctica encomiable.

Sin embargo, es novedoso que el uso publicitario de fragmentos de testimonios judiciales hayan venido a causar una conmoción moral de esta naturaleza. Por el contrario, existen antecedentes en que fueron aceptados con relajo y hasta fueron celebrados por su ingenio por muchos de los que acaban rasgar teatralmene sus vestiduras.

El primero que recuerdo de hace unos años, fue el de uno de los videos en la “salita del SIN” en que Montesinos aparecía diciendo que “Del Castillo no era de los conversables” y abogando por contra, a favor de quien hoy es el primer ministro. El spot político que usó el fragmento, nunca lastimó el tejido moral de nadie, hasta donde recuerdo, y más bien debe haber ayudado a la elección del mencionado Del Castillo.

Otro caso es más reciente. En las primeras sesiones del llamado “juicio del siglo”, interrogado el ex-presidente sobre si conocía de un caso “que hasta había salido en Caretas”, Fujimori declaró que “en ese tiempo él no leía Caretas”. La mentada revista utilizó esta última frase para una exitosa campaña publicitaria por radio y TV en que se usaba la cita del reo con la previsible moraleja de que para estar debidamente informado nunca se debía dejar de leer Caretas.

A pesar de todos estos antecedentes, el partido aprista, que posee un record de propagandas memorables perdió clamorosamente con el reciente spot: se criticó virulentamente el uso de Montesinos como argumento político y se acalló totalmente el contenido del spot: la blandura del Sutep con la dictadura de los 90 y su bravura con los gobiernos de origen democrático.

Cuando he conversado sobre el tema con algunos de mis virulentos amigos izquierdistas, al principio se han sorprendido de que un uso publicitario de Montesinos o Fujimori tuviera antecedentes tan cercanos, y a continuación han buscado diferencias de naturaleza ontológica inaceptables: “una cosa es usarlo para vender una revista y otro es usarlo en contra del Paro Nacional” en franca violencia contra el imperativo categórico kantiano.

No es el reclamo de un doble estándar lo que inspira a Montesinos para decir que es lícito cometer delitos cuando se trata de una buena razón de estado?

Pero el hecho político no admite discusión: el spot fue un descalabro cuyo resultado debe ser atendido cuidadosamente por quien concierna. Hay quienes no necesitan pertenecer ni al partido del comandante Humala, ni a Patria Roja, (el único partido de izquierda en actividad fuera de períodos electorales), gente que no están en extrema pobreza, que no sufre expoliación ni contaminación por parte de las mineras, gente no excluida sino todo lo contrario, gente que está entre las personas a quienes favorece el actual estado de la economía y que a pesar de éso ha aceptado la sutil pero no inocente invitación a criticar el famoso spot.

19.8.07

El huevo de Vanini. Una interpretación mística

Gracias a la voz de alarma que recibimos de un amigo nuestro, Mario Tejada, solidarizán-dose con el hombrecillo de espaldas, nos enteramos con retraso del escandalete suscitado en el último Festival de Cine de Lima.

Aquí en Dioinville nos entusiasma la teoría según la cual no sólo los filósofos y/o los místicos pueden acceder a La Verdad mediante férreas disciplinas de toda una vida. La verdad QUIERE y eventualmente llega a mostrarse a los seres humanos, aun a pesar de ellos.

Estas exposiciones, a veces peligrosas, pueden generarse por causa natural como por ejemplo un bello atardecer o un ataque de epilepsia; o de manera artificial en lo que, con no poca frecuencia, alguna forma de arte está involucrada. Sin embargo se trata de discretos intersticios y no de portones. Estos pueden quedar abiertos para siempre... por el contrario, los intersticios son efímeros y sólo nos conceden una breve pero intensa conexión con La Verdad a la manera de un guiño o un repentino rayo de sol en un día brumoso.

Todo comenzó hace 2 semanas cuando un joven impetuoso con un aire entre Luke Skywalker y Austin Powers, entrevistó a un caballero apellidado Vanini, funcionario de la Biblioteca Nacional, sobre el Festival de Cine que anualmente organiza la Pontificia UCP. Vanini, semiólogo autodidacta, deconstruyó con algo de teatralidad los extraordinarios mensajes aglomerados en el afiche del festival. Lo singular del acontecimiento fue que Skywalker grabó la entrevista con su cámara de video, lo yutubeó y lo linkeó en su blog “La habitación de Henry Spencer” generando, que yo sepa, la primera conmoción superestructural originada en un video de internet en el Perú. (ver el video)

La causa de la celebridad del video fue que en él, Vanini afirmaba “en plena fiesta del cine”, que el afiche del festival tenía contenido racista. Despachándose además con otros conceptos urticantes, como “izquierda caviar”, “políticamente correcto”, “alumnos de Gonzalo Portocarrero” entre otras blasfemias. La tempestad opinática se desencadenó en amplio espectro: desde las proximidadades al etno cacerismo, hasta las acusaciones consabidas de “acomplejado”, “resentido social” y otros eufemismos cuidadosamente diseñados para aliviar de la inclinación a decir “cholo de mierda”.

Si se hubiese tratado de un bar o discoteca exclusivos, Ripley, un comercial de Leche Gloria, el escándalo estaría dentro del margen de lo regular. IDEHPUCP, APRODEH, IDL, habrían puesto el grito en el cielo. Se habría convocado a un plantón, a un pasacalle y pocos días después todo habría vuelto “a la normalidad”. Esta vez la cosa no era tan sencilla porque, a pesar de la existencia de intermediarios, la Pontificia UCP estaba involucrada. ¿Quién entonces podría defendernos?

Una inspección simple al afiche (ya que los afiches no se componen para los semiólogos) no dejan lugar a duda: hay contenido racista y/o excluyente y/o elitista, sasonado con un tufillo argentinizante. Sobre las intenciones profundas de los responsables de la publicación del afiche no existe duda: por más fama de avezados que tengan los publicistas, no habrían osado provocar una rabieta a sus empleadores, los jerarcas del Centro Cultural. Por otro lado, ellos, los que aprobaron y autorizaron la publicación del afiche de marras, tampoco se habrían atrevido a mellar el nombre inmaculado de la Pontificia.

¿Qué fue entonces lo que impidió que desde el proceso de creación del afiche, hasta el momento en que los obreros salieran con sus latas de engrudo a pegarlos por todos los barrios de Lima, nadie -pero nadie- se pudiera percatar de lo evidente, hasta que el señor Vanini se presentara y les pusiera el huevo sobre la mesa?

La respuesta que podemos ensayar aquí es la siguiente: los publicistas fueron inspirados por el Espíritu Santo y nadie vio nada por una milagro del Señor. No hay que olvidar que se trata de una universidad Pontificia y Católica.

Una amiga mía que militó en la trinchera trotskista en muchas de las gestas del fundo Pando allá por los 80, me confesó que cuando hacía poco había visitado la sede de su Alma Mater, había quedado conmovida por el nuevo “panorama social” que presentaba, lo cual me atrevo a interpretar como un asunto relacionado fundamentalmente a la pigmentación.

Tal vez El Afiche deba entonces verse como una epifanía del sagrado temor que suscitan los nuevos matices epidérmicos de los nuevos chicos de la católica. Una voluntad de escapar del sino fatal que los persigue en sus pesadillas más inconfesables y los obliga a hacerse fuertes en esta especie de bunker de Camino Real.

Los que se han sentido incriminados han manifestado furias, resentimientos, alguna medida de contorsionismo ético o discursivo, o bien silencio de muertito. Creo que estas reacciones culposas son innecesarias: observemos con buen espíritu el afiche que nos ha deparado momentos de suprema lucidez: veremos que muestra muy bien la naturaleza del Festival, y que nada tiene que ver con el "cómo quisiéramos que fuera", o "cómo sería si fuese de nosotros". Espantarse por incontestable realidad carece de sentido.

Además la razón por la que el Festival quiere ser peruano (pero de preferencia para blancos), de Lima (pero más bien en San Isidro), de cine (pero con teatrista a la cabeza), es probablemente la misma razón por la cual TU ya no vives en la calle Gallinazos o el Jirón Ica y ni siquiera en Breña, sino en una anónima pero bien guachimaneada callecita de San Borja. “El Afiche” pues tiene la extraordinaria cualidad de iluminar por un segundo la vasta oscuridad que transitamos: incomprensibles fuegos fatuos para muchos, rayo fulgente en el Camino de Damasco para otros.

7.1.07

Seis consejeros buscando a quién aconsejar

Estas son algunas conclusiones sobre las opiniones de los consejeros del CNE revisadas en el artículo anterior:
1) Ninguno de los consejeros opinantes está de acuerdo con ésta evaluación por inútil y/o por inoportuna o por ser fruto de un exabrupto presidencial. Ninguno de los consejeros se pronuncia sobre la posición del SUTEP de no ir a la evaluación.
2) Los consejeros concuerdan en que ésta evaluación adolece de defectos técnicos y/o éticos.
3) El consejero Barrera Bazán perteneciente al SUTEP, no opina.
4) Las medidas mencionadas por los consejeros para abordar la solución del problema educativo son:
- Se debe mejorar la condición material del maestro
- Se debe priorizar la puesta en marcha del Proyecto Educativo Nacional
- Se debe dar la nueva ley de la carrera pública magisterial
- Se debe implementar un “Sistema Nacional de Evaluación, Acreditación y Certificación de la Calidad Educativa”
5) Queda en evidencia que el Misterio, o no está pidiendo consejo a los consejeros o que los consejeros no está siendo escuchados. Puesto que el CNE debe opinar de oficio sobre temas concernientes a la educación, tendría que expresar una posición institucional concerniente a esta evaluación, aunque no sea del agrado del ministerio o del SUTEP.

5.1.07

¿Quién le tema a Caridad Montes?

Revisamos las opiniones de 6 consejeros del Consejo Nacional de Educación publicados en el sitio web del CNE.

El consejero Constantino Carvallo sostiene que el Ministerio se equivoca en afligir inútilmente la devastada autoestima de los maestros ya que ellos no son responsables por la grave situación de la educación pública. Esta grave situación es una responsabilidad mancomunada de la sociedad. Afirma además que la evaluación del Ministerio es inútil porque el resultado ya se conoce, y está publicado en numerosos estudios. Cita para demostrarlo los de Webb y Valencia, los de Alcázar y Balcázar y el de Ricardo Cuenca.

De manera que no sólo le parece inútil la evaluación sino que (una evaluación apropiada debería poder medir el vínculo maestro alumno), sino también contraproducente, porque crearía depresión y resentimiento en el magisterio y lo enfrentaría a al escarnio de los padres, alumnos y a la sociedad.

Finalmente, nos adelanta el inicio de una agenda para la solución del problema: “Debemos empezar por mejorar la situación real de los maestros”.

La consejera Patricia Arregui sí es partidaria de la evaluación, pero de ésta en particular no espera nada bueno. Duda de las capacidades que se van a medir y de los criterios que se usarán, duda de la apropiada elaboración de las pruebas y de la calificaciones de sus elaboradores. Sospecha apuro, improvisación (lo cual atribuye a un capricho presidencial) y no cree que la evaluación llegue a mostrar algo que no sepamos todavía. Finalmente, sobre lo que se ha dicho respecto a cómo y para qué se usarán los resultados, ella lo considera fantasioso .

La confianza en el examinador es fundamental y para que ésta exista y sea incontestable, Arregui hubiera preferido previa a la evaluación, la implementación un “Sistema Nacional de Evaluación, Acreditación y Certificación de la Calidad Educativa” y naturalmente confomada por personas incuestionables.

Predice que tanto ministerio como cúpula gremial resultarán desprestigiados y que la relación del ministerio y el profesorado quedará viciada dificultando cualquier posibilidad de progreso en el sector.

En un curioso malabar lógico, la consejera Arregui propone que la evaluación del Ministerio tiene ya defectos procesales que no darían credibilidad a sus resultados. Pero que si se llegara a realizar, estos resultados no serían distintos de lo que ya se conoce.

También deplora que ésta evaluación estorbe el curso de la nueva ley de la carrera pública magisterial.

Curiosamente, ni el consejero Carvallo ni la consejera Arregui mencionan el nombre del SUTEP.

Siendo Carvallo el propietario de un colegio privado, es inimputable de pertenecer al SUTEP. Sin embargo sus coincidencias con al menos una de las principales banderas reivindicativas del sindicato es notoria en lo que atañe a “mejorar la situación real de los maestros”.

Patria Roja, es probablemente el único grupo político de origen marxista que de manera orgánica mantiene vigencia en la vida política nacional desde los años 70, sin que para ello tenga necesidad de recurrir al argumento de la defensa de los derechos humanos. Su influencia se basa más bien en el control político que ejerce férreamente sobre el SUTEP, el sindicato de los maestros del estado. Patria Roja no tiene dudas ni necesita de sesudos estudios para ilustrarse sobre la realidad educativa nacional:

Julio Yovera vocero de Patria Roja en este tema, titula su artículo: "la consigna de los grupos de poder: Acabar con Patria Roja, liquidar al SUTEP" . Patria Roja y el SUTEP se plantean la cuestión de la evaluación en términos de supervivencia política.

Patria Roja, ve la evaluación como un procedimiento hostil de los grupos de poder (los cavernarios de la derecha, los caviares de centro “izquierda”, los anarquistas ultras, los “social demócratas”) para liquidar la SUTEP, y de paso a Patria Roja con el fin de evitar la revolución.

Quien tenga en claro la relación que existe entre el SUTEP y Patria Roja, y de la posición de ambos con relación al proceso de evaluación docente no pueden tener duda:
Aunque todas las objeciones técnicas sobre la evaluación planteadas miembros de CNE fueran subsanadas, el SUTEP seguiría oponiéndose a ésta o a cualquier otra evaluación, activa o pasivamente.

El consejero Nelson Manrique, sí encuentra relevante mencionar al SUTEP en su artículo sobre la evaluación. El también cree en las evaluaciones pero afirma que ésta en particular está viciada y se anima a predecir sus consecuencias nefastas: los maestros quedarán expuestos (con lo que no parece tener dudas acerca del resultado) y serán culpables ante la sociedad, el SUTEP se reforzará, alimentado por el resentimiento de los maestros humillados y se agudizará su antagonismo al gobierno. Como resultado pronostica la parálisis de la inmovilidad.

Manrique también esgrime dudas de alcance técnico, enfatizando en grado sumo que todo este asunto la evaluación no es más que un arrebato presidencial. Habitualmente adverso a Alan García, Manrique basa su opinión en su desconfianza en la ecuanimidad del presidente.

La única salida que considera posible es la creación de un amplio consenso en torno al Proyecto Educativo Nacional elaborado por el CNE

Menos abstracto, el consejero León Trahtemberg, plantea el problema dando más atención al papel del SUTEP. Se diferencia de otros consejeros en admitir en su análisis la naturaleza esencialmente política del SUTEP. Y que la bandera nada oculta con la que encandila a muchos de sus agremiados nombrados es la promesa de estabilidad laboral perpetua, además de obtener mejoras salariales eventuales mediante el ejercicio de la presión bajo la forma de huelgas.

El profesor Trahtemberg habla explícitamente del contenido político de la evaluación tanto para el estado como para Patria Roja. Y expresa con claridad, a diferencia de los otros consejeros, que ninguna mejora en la educación es esperable sin enfrentar al SUTEP. Aunque dice enfrentar y no liquidar, es muy posible que se refiera exactamente a lo segundo, como lo sospecha acertadamente Patria Roja.

Sin embargo, el consejero tampoco es partidario de la evaluación tal como el Ministerio la tiene prevista para el próximo 8 de enero. Dice que es un esfuerzo mal conducido que sólo desgastará al estado en su conflicto con Patria Roja, ya que no hay instrumento legal para que sus resultados sean vinculantes y que más le habría convenido al estado empezar por dar la nueva ley de la carrera pública magisterial que incorpore evaluaciones periódicas como condición para que los maestros continúen ejerciendo el magisterio.

Como Carvallo, también Trahtemberg ejerce el oficio de la filosofía aunque no aparezca en su currículo: el descubre una aporía que descalificaría éticamente la posibilidad de una evaluación: Si la evaluación tuviera resultados descalificantes para los maestros, ¿Cómo podría el estado justificar el continuar confiándoles, aunque fuera por un año más, la educación de los niños?

El consejero Sigfredo Chiroque tampoco está de acuerdo con esta evaluación docente convocada por el ministerio. Halla fallas de “concepción, estrategia y contextualización” (errores técnicos y políticos). Piensa que ya se sabe que los profesores están mal por lo que la evaluación es inútil y sólo tendría sentido como parte de la ejecución del PEN propuesto por el CNE.

Piensa que para ser buena la evaluación: debería estar integrada al Proyecto Educativo Nacional propuesto por el CNE, debería estar técnicamente diseñada y debería estas socialmente concertada (por el MED, el SUTEP, el colegio de profesores y un cuarto integrante: el CNE o la representación de las instituciones de formación magisterial).

Propone que la deteriorada relación de los actores educativos se recomponga mediante el diálogo, con la mediación de alguna institución adecuada.

El consejero Luis Piscoya, epistemólogo, cree que, aun si esta evaluación se ejecutara exitosamente, difícilmente podrá considerarse como inicio del mejoramiento de nuestra condición educativa. Su duda está basada en el análisis de las diversas evaluaciones hechas por el MED en las últimas décadas y su análisis técnico de la prueba de la primera y fallida convocatoria a evaluación (dic. 20) que se filtraron y se publicaron en internet.

Piscoya recuerda que durante el gobierno de Fujimori se realizaron dos evaluaciones a 100,000 docentes que concursaron por su nombramiento con la complacencia del SUTEP. Afirma que tal evaluación careció de seriedad científica y no sirvió para nada bueno ya que el colapso de la educación pública no se detuvo. Lo revelaron así las pruebas PISA el 2001, las mediciones del aprendizaje escolar realizadas por el MED el 2001 y el 2004 y sobre todo la evaluación docente 2002

Piscoya halla en la prueba filtrada, los mismos defectos que en otras evaluaciones fracasadas del pasado (y la intervención del los mismos “especialistas”). A su falta de calidad científica se añade el hecho de que una sola prueba no puede evaluar competencias profesionales de diversos niveles y materias escolares. Afirma que el desdén por la calidad científica en la evaluación, denota interés político en ella y desprecio por el futuro del país.

Objeta, desde el punto de vista ético y cognoscitivo que el operador logístico de la actual evaluación, la Fundación para el desarrollo Agrario, sea ajeno al sector educativo. Dirigida por el agrónomo Wilfredo Lévano Carnero, esta institución sería antigua casería del MED durante los períodos de Fujimori y Toledo, aplicando y calificando pruebas con un historial de contratos millonarios con el MED. El actual sería por 28 millones.

No queda claro si las pruebas en que sí confía Piscoya (PISA, las evaluaciones del aprendizaje escolar 2001, 2004 y la evaluación docente del 2002) tuvieron también como operador a la FDA. Por otro lado, aun tratándose de profesores de diversar materias y niveles escolares, no se podría negar la posibilidad de medir un sustrato común, como por ejemplo la comprensión de lectura, etc.

16.10.06

El rostro ( II )

Definitivamente, el canal 7 no goza de mucho aprecio entre los habituales a la señal abierta de la capital. Su programación, grosso modo llamada cultural, no logra atraer masivamente al conglomerado televidente más extenso y consumidor del país, el limeño.

Es improbable que las programaciones llamadas culturales causen espanto a la tele audiencia de Lima por el mero hecho de ser culturales. En cambio, es probable que la programación cultural de calidad promedio sostenidamente discreta, resulte de un pacto no escrito entre los magnates de los canales comerciales y los administradores del canal del estado. El texto del acuerdo sería algo así como: “el canal del estado no debe meterse en los mismos rubros que los canales privados y si lo hace, debe hacerlo sólo en tanto que ningún canal privado se sienta “competido”.

La apuesta de los dueños de los canales comerciales de señal abierta es que los peruanos pobres siempre tendrán problemas para tolerar una televisión en que se pueda percibir algo de “cultural”. Por otro lado que ellos, los magnates de la TV, detentan por naturaleza, el monopolio del entretenimiento o “lo que le gusta a la gente”. Y por supuesto, que el entretenimiento y la cultura no pueden ni deben tener puntos de coincidencia.

Este lamentable statu quo no sería posible si el talento se juntara con adecuados recursos de producción. Pues la administración del estado se ocupa de que los recursos de producción del canal siempre sean inadecuados y que su gerencia no sea moderna. Se aseguran de que cualquier cosa que haga el canal del estado, si no es mediocre de por sí, por lo menos tienda a la mediocridad.

Con raras excepciones, el sistema funciona y cuando se sale de la norma, por ejemplo, cuando aparecen en el canal del estado programas extraodinarios como “Estrafalario”, o “Locademia de TV” o aparece un gerente con propuestas novedosas, los canales comerciales absorben o desaparecen los programas y/o echan al gerente. Esta fórmula, parece funcionar sin sobresaltos.

A cambio de abstenerse de competir con los paladines de la libre competencia, el administrador del estado de turno puede regalarse a su gusto con el canal y hacerse tocamientos políticos con las 1000 repetidoras del canal que en los pobres pueblos del interior el país representan tristemente el advenimiento de la modernidad.

El hecho de que parte de su producción y su “razón de ser” sea dirigirse al Perú postergado y justificadamente resentido del interior, que tanto atemoriza a los limeños, autoriza y hasta obliga a considerar especialmente el “aspecto racial” de la gente que aparece en la pantalla del estado para que ésta sea más concesiva con aspecto del Peruano común. Obliga a preocuparse más por cómo se ve el peruano a sí mismo, cuando el peruano no es necesariamente un peruano limeño. Los patrones raciales (y hasta notablemente racistas) que funcionan en los canales comerciales no son los mismos para el canal del estado.

11.10.06

El rostro ( I )










Como suele ocurrir en nuestro milenario país, los grandes hechos y los grandes acontecimientos tienden a permanecer enterrados.

Hace unas semanas, el canal del estado peruano, fue estremecido por un formidable seísmo cuyo notorio epicentro muchos pretendieron ignorar. Arrebatados, los medios de comunicación señalaron en todas direcciones posibles menos en la del voluminoso corpus delicti. Monstruo transparente, incomprensible, pero sobre todo innombrable.

La señorita K, rubia de facto, lectora de noticias de TV y conjeturable periodista, fue requerida de opiniones por sus serviciales colegas, siempre ávidos de material para alimentar las insaciables fauces de sus diarios. Ella produjo al menos 2 respuestas de significación que fueron ampliamente publicadas: 1) Que ella jamás trabajaría para un canal sobón 2) Que la figura de Vanessa Saba como rostro del canal del estado, no le parecía y que había en el canal otros rostros más de casa y mejor merecedores de tal privilegio.

Inquietantemente, Vanessa Saba es dueña de una sólida fama de buena actriz, y de poseer uno de los rostros más bellos y uno de los cuerpos más inspiradores del país. Además no le corre a los asuntos de profundidad, tampoco a los estólidamente populares. Podría aparecer con el mismo donaire en un escenario secundando a Vargas Llosa que en una publicidad de pizzería o de champú. Cantando rocanrol, en una telenovela, o balanceando sus dones en un memorable monólogo, al final de una irrecordable película nacional. No cabe duda de que es una chica agradable de ver y recordable por sobre los escombros.

Aunque es muy posible que su apellido Saba sea de orígen palestino, Vanessa tiene el aspecto fisonómico de una limeña blanca, pero especialmente distinguida. Impresión que acompañada de una particular modulación en su hablar, la sindica con el término impreciso, inelegante pero también ineludible de “pituca”.

La consecuencia de esto es que no se la identifique con “la mayoría de los peruanos”. Ella no podría interpretar (excepto quizá para los creativos de comerciales) a una voluptuosa cantante de chicha, ni a una impetuosa brichera del Cuzco, ni a una bella shipiba surcando solitaria bajo el nimbado cielo. Yendo por el lado huachafo de la historia, ella no podría representar a la señora de Cao, ni a la Dama del Ampato.

Peruana sin embargo como la que más, ella no vio ninguna razón para inhibirse de ser "el nuevo rostro" de la televisión estatal peruana, ya que así se lo pedía alborozada la veterana periodista que actualmente timonea el “canal 7”.

Volviendo a la Srta. K., su pretendida candidez no es fácil creer. Ella hizo declaraciones de una calculada audacia. Pero a pesar de su impecable calcular, la echaron. Y de mala manera: no sólo le quitaron el trabajo, sino que improvisaron formas al paso para causarle humillación pública. Hubo encono de por medio. Y un costo político considerable que normalmente debería haber causado ya la defenestración de la gerente del canal.

Por vez primera, a los 60 días del nuevo gobierno, los nervios destemplados de una funcionaria desencadenaban un escandalete que servía también para señalar el fin del acojudamiento post electoral del antiaprismo y anunciaba el renacer de críticas y de recuerdos incómodos.

La apariencia de la brutal reacción era culposa: que la linda Srta. K profiriera la palabra “sobón” no era motivo para que la gerenta la echara. Al hacerlo ella parecía confesar a gritos: “Si, yo anhelaba sobonear al gobierno desde este canal, pero esperaba hacerlo discretamente”. Era como si se hubiera cometido la indelicadeza de hablar de vísceras en presencia de Jack El Destripador.

La otra parte de la declaración de la Srta K. fue en realidad mucho más cáustica y audaz aunque menos espectacular: que el nuevo “rostro del Canal”, el de Vanessa, “no le parecía”, y que este rostro debía estar más adecuado al país llamado multirracial en que vivimos.

Es muy probable que haya sido ésta última la razón principal para desencadenar la furia de la gerenta. (...continuará)

9.9.06

A favor pero también en contra del oscurantismo (musical)

Lo que se cierne en el horizonte de las posibilidades no es un documental sobre la música en el Perú, sino la de un documental sobre la música de los negros en el Perú. Es por lo tanto dramáticamente urgente hacerse la siguiente pregunta: ¿por qué ha de hacerse semejante cosa?

¿Qué tiene de particular la música de los negros en el Perú?. ¿Por qué no sería comparablemente interesante hacer un documental sobre la música de los asiáticos, o la música de los alemanes o la música de los indios en el Perú?

Escoger la música de los negros peruanos como el tema de un documental, revela que se han hecho sesudas constataciones previas, o que se profesan sólidos, bien instalados prejuicios. Los apropiados para tener el valor de acometer tal empresa y de cumplirla con éxito. Con tal motivo, como es natural, vamos a omitir la hipótesis difícil.

El prejuicio más sólito tal vez sea el siguiente: la música de los negros peruanos es probablemente la música más influyente en el Perú. Es la única música peruana capaz de concurrir en los mercados intenacionales. Es definitivamente la que más me vacila. En ese orden o en el contrario.

La música de los negros peruanos, es una música que mayor prestigio ha alcanzado en la ciudades de la costa y aun en ciudades serranas y selváticas (siempre que estén dentro de los principales circuitos turísticos del país). Es importante, ya sea por su influencia sobre otros géneros de ciudad -valse criollo o marinera- o como música negra propiamente dicha.

La música negra peruana es la más exitosa cuando se trata de atravesar las duras fronteras de los estancos geográficos, sociales y culturales en el país. Por otro lado, la música negra del Perú es la música que probablemente esté recibiendo mayor atención en el escenario musical internacional de la actualidad.

Los músicos populares peruanos que algún reconocimiento internacional han logrado (aunque en todos los casos, asaz discreto), sean indios, blancos, chinos o negros, lo han logrado haciendo uso de aspectos diversos de la música negra peruana. Los ejemplos a discutir: Susana Baca, Alex Acuña, Tania Libertad, Gianmarco, ¿algún otro?

Pero sin duda alguna el mayor éxito internacional pertenece a un objeto y no a una persona. Es un instrumento, el único de origen peruano que ha logrado algún grado de prestigio en la música popular internacional. Es el cajón, presumiblemente, un instrumento usado originariamente por los negros peruanos.

Hacer un catálogo de los diversos tipos de música negra en el Perú o de instrumentos o de instrumentistas virtuosos no producirá un interés superior al que normalmente obtiene todo catálogo.

Lo que sí podría concitar un justificado interés, sería un documental que utilice los elementos antes mencionados para buscar respuesta algunas de las siguientes preguntas:

1) Por qué la música de un grupo étnico minoritario y oprimido del Perú ha logrado la importancia que tiene dentro del ambito musical nacional, en contraste con la variada tradición musical andina.

2) Por qué la música negra peruana ha logrado, en discreta pero indudable medida, un lugar en el conciento de la música popular internacional, lo que no ha logrado la tradición musical andina.

Y algunas otras que quedan pendientes.

23.8.06

Confucio y el país de los burros

La especie de los intelectuales apareció cuando las organizaciones sociales se hicieron tan complejas que requirieron de personas especializadas en labores de administración, agrimensura, contabilidad, relaciones de hechos y afines. Ni nobles ni guerreros apetecían demasiado estos puestos ya que no permitía un acceso rápido a la gloria militar ni a los botines de guerra. Se abría así un espacio para que los desheredados pudieran ganarse el sustento y hacerse de una posición en base a sus saberes y habilidades.

Confucio, que vivió entre los siglos 6to y 5to A.C. dedicó su vida a la edificación de las columnas maestras de la civilización china. Su enseñanza en lo social urgía a la práctica rigurosa de la virtud y autorizaba a quien hubiera logrado elevar su espíritu a aspirar ya no sólo a los puestos intermedios sino a los más altos. La aristocracia ya no tendría que proceder tan sólo de la propiedad de la tierra sino también de la calidad de los hombres. Cualquiera mortal podía acceder con derecho a tentar puestos de privilegio en las cortes.

Nacido pobre, Confucio llegó a ser ministro en el reino de Lu y si bien perdió su puesto por intrigas cortesanas, su enseñanza fue inspiración para generaciones de chinos que practicaron el confucianismo como un medio para la perfección del espíritu, y de paso se abrían la posibilidad de lograr una mejor posición en el mundo.

Dos siglos y medio después de la muerte del maestro, la China se debatía en las guerras de los reinos combatientes y los intelectuales confucianos dominaban el ámbito del funcionariado y ejercían gran influencia tanto sobre el pueblo como sobre los gobernantes.

Las guerras terminaron cuando el rey Chin Shih Huang Ti, se convirtió en el primer emperador de la China. Sólidamente posesionados en la burocracia estatal, los confucianos se opusieron a la autoridad del nuevo régimen (para quienes vieron la notable película de Shan Yimou, este monarca es el que enfrenta al implacable sicario de “Héroe”). El emperador respondió sin timidez: 40,000 intelectuales confucianos fueron sumariamente ejecutados y todos los libros existentes hasta entonces fueron incinerados. La historia debía empezar de cero con el nuevo emperador. También se le recuerda por haber iniciado la construcción de la “gran muralla” y haberse mandado construir un ejército de terracota.

Inútil como la inverosímil muralla, la quema de los libros y el ejército de estatuas, fue la carnicería de los confucianos: 23 siglos más tarde, los guardias rojos de Mao Tse Tung desataban su furor contra el confucianismo durante la gran revolución cultural. Como era de esperar esta revolución también fue abatida.

La moral de esta historia es por un lado, que los intelectuales (y no sólo los chinos, y no sólo los confucianos) desarrollan mecanismos de persistencia admirablemente eficaces. Y por otro, que no es posible concebir un estado que excluya a los intelectuales. Es decir a todos los intelectuales.
En el Perú, año 2006, el analista político Alberto Adrianzén (AA) afirma que la pobreza cultural del Perú es consecuencia del desencuentro entre “la política y las élites por un lado y mundo cultural e intelectual por el otro”.

Aunque la mencionada pobreza cultural es innegable, la manera en que AA deriva su conclusión no es muy sólida.

Es excesivo sostener que los gobiernos de turno los prefieren solípedos. Al menos no es posible afirmarlo tan a la ligera… y es que la historia ofrece también argumentos contra esta idea. Por ejemplo: el mismo Manuel A. Odría que rehusó para el Perú la sede de CEPAL (unos pocos años después, cuando ya no era dictador), tuvo como ministros a Jorge Basadre y Raúl Porras … ¿esquizofrenia o acaso el general “había cambiado”? El gobierno militar que se habría negado a que el Perú sea sede de FLACSO tuvo entre sus íntimos colaboradores a Augusto Salazar Bondy, Walter Peñaloza Ramella y Juan José Vega entre otros. Por otro lado, el historiador Pablo Macera, el más brillante de su generación y “gurú de las izquierda” aceptó ser generosamente acogido por el fujimorismo. La lista no acaba ahí.

Riva Agüero, brillante intelectual, benefactor de la Universidad católica y simpatizante del fascismo fue ministro de Justicia y Culto de Oscar R. Benavides y Víctor Andrés Belaúnde sirvió al ministerio de RR EE, también como ministro.

Aun así, tampoco sería justificado afirmar que el poder es un apasionado de la inteligencia o que a los intelectuales les agrada ser poseídos por la fuerza como decía Mariátegui, el viejo.

Pero la confusión se aclara cuando AA nos revela que “el mundo cultural e intelectual” no era tan ecuménico como parecía. En realidad su justo clamor era en defensa de los “intelectuales que proponen una cultura progresista y liberal”, es decir los que se ejercitan diariamente en “el pensamiento crítico”.

Notables oledores, los heraldos negros de la “guerra cultural” que AA presiente, piden las cabezas de todo el que huela a comunismo. Pero no creo que haya que dejarse picar por atarantadotes como el joven Mariátegui. Ellos no son parte del gobierno. Ni siquiera son amigos del gobierno según se puede comprobar en los ejemplares pre-segunda vueta de sus diarios. El partido aprista es el que ganó las elecciones y hay que reconocer que hay diferencias entre este partido y otros que han llegado al poder en las últimas décadas. Incluyendo al partido aprista.

Pero el acoso de los heraldos negros mediáticos contra los intelectuales “progres” no deja de provocar en AA una notable ansiedad que se manifiesta, por ejemplo, cuando dice que el proyecto del ministerio de cultura “duerme el sueño de los justos” hace 20 días. Por lo menos tendrá que reconocer que para usar esa expresión deberá dejar pasar unos días más…

AA denuncia casos de ostensible maltrato del actual gobierno contra connotados intelectuales: Sinesio López, Benjamín Marticorena, Antonio Zapata, Rafael Tapia, (curiosamente omite el caso de Luis Lumbreras) habrían sido tratados irrespetuosamente. El gobierno habría actuado con rigor sectario, extirpando a los adversos sin atención a la calidad de su desempeño.

No hay dudas sobre la calidad de la gestión de López frente a la BN, ni la de Marticorena un poco menos espectacular en Concytec, ni la de Tapia. Pero también hay que reconocer que en algunos de estos casos, ellos se han preocupado por poner de manifiesto su irremediable disfuncionalidad con el régimen que se está iniciando.

El argumento de AA para defender al defenestrado director del Fondo Editorial del Congreso llama la atención. Dice así: que en promedio nuestro congreso no muestra muchas luces y muchos de sus miembros apenas han experimentado una alfabetización sumaria. Que esta situación es tan bochornosa que para recuperar algo de decoro, el congreso debería a tener una producción editorial semejante a la de otros congresos que si son decentes. Esta pudibunda actitud plantea la pregunta de qué es mejor: o afrontar la áspera realidad o afanarse con los cosméticos y ocultar la tierrita debajo de la alfombra.

No dudamos de que el Sr. Tapia, procedente de una familia trujillana de antigua y admirable estirpe intelectual, y que gozaba del reconocimiento de casi todos los sectores políticos del congreso, posea cualidades suficientes para ejercer ese cargo. Tampoco es muy evidente que su remoción deba significar oscurantismo, caza de brujas, o alguna especie de menguado macartismo.

Estos tiempos difíciles exigen del intelectual “progresista” una férrea disciplina de ubicación… ha caído el muro de muro de Berlín, la izquierda nacional ha sufrido terribles debacles políticas e ideológicas sin que hasta ahora muestre señales de recuperación. Los intelectuales de izquierda deberían abstenerse de reclamar majaderamente puestos vitalicios, posiciones de jueces de la creación o déspotas ilustrados con el deficitario argumento de que todos los demás son mediocres o reaccionarios. Hay otros intelectuales. Vienen de la San Martín, de la Gracilazo, de Villareal, o de San Marcos. Otros de la de Lima o de la Pacífico. Ostentan lentecitos de yupi yupanqui, tiene su MBA bajo el brazo y sus celulares suenan llamativamente. Son de ESAN, del Opus Dei. Admiran a Mario Vargas Llosa, a Hernando de Soto, hasta a Bayly. Son judíos o evangelistas usan Mac o PC, y todos tan intelectuales como los intelectuales proges marxistas o lo que fuera. Todos aspiran con derecho, en su calidad de ciudadanos ilustrados, a intervenir en los asuntos del estado y a ganarse el sustento en calidad de funcionarios.

28.5.06

Yo no soy ése

Luego del boom de la vertiente cívico-moralista que impuso su anterior éxito editorial “Hay espacio para todos”, la escritora Diana Cornejo nos sorprende con su nueva publicación (por el momento en circulación restringida).

El nombre del relato, Midtown Madness, presumiblemente ha sido tomado de un juego de computadoras en el que se recrean inciviles competencias automóvilisticas, a la manera vertiginosa de “French Connection”, por las calles de la ciudad elegida por el jugador para ejercer su ansia de devastación. Así como en el juego se atropella, machaca y mata lo que está al paso, sin miramientos por las reglas, así obra la autora en detrimento del estilo que la hizo célebre.

En este curioso relato onírico-hospitalario, de raigambre surrealista y humor negro, la protagonista cuenta su peripecia con el relajo con que se cuenta un sueño: Después de esforzarse por ser admitida en una clínica, sufre desatenciones reiteradas que la desaniman de proseguir los exámenes médicos. A pesar de las severas circunstancias que impone el hospital, la paciente se permite ejercer su capacidad de seducción con el padre indefenso de un niño que está al borde de la muerte. Notoriamente, la lógica corriente está ausente del relato, en cambio se abunda en elementos alimenticios para las vocaciones psicoanalíticas: el hospital, la madre actriz, la gente que se cae de los techos, la indeclinable voluntad de seducción, la dominación, el encierro, el hermano que abre puertas.

La narración es fluida y agradable aunque adolece de agujeros desconcertantes: uno sobre una anécdota japonesa de hora undécima, el otro, sobre una sobrenatural ocurrencia en que se materializan los pensamientos del niño herido.

Finalmente debo confesar una sensible decepción personal: luego de alucinarme personaje de los sueños de la autora al principio, al final me he dado cuenta que ese Gonzalo no era yo.

17.5.06

El sueño de Rosa María

Envuelta en el delicado perfume de sus almohadas, Rosa María piensa que en pocos días deberá elegir entre dos probables autores -el uno intelectual, el otro algo menos- de delitos muy graves contra el género humano.

Segura de su predestinación para escoger lo justo aunque no le fuera de provecho personal (que no partan en mitades al infante, que suelten a Jesús y no a Barrabás), esta circunstancia le parece más parecida al terrible “Mátame un hijo” requerido a Abraham.

Piensa que votar viciado o en blanco es reeditar la actitud asquienta de Poncio Pilatos pero devaluada por el anonimato y, confiada en la oportuna iluminación que la ayudará a decidir, se dispone al reposo.

Durante meses, la candidata de su preferencia había aceptado con humildad los buenos augurios de las encuestas y el sinfónico regocijo de los medios de comunicación, pero repentinamente se había hallado en el desamparo ante un confuso escenario de miembros de mesa, personeros, funcionarios ariscos de la ONPE, del JNE, de la Cancillería. Definitivamente no le habían dicho toda la verdad.

Habían omitido que bastaba que algún maligno la señalaran como la "candidata de los ricos" para que el trabajo de tanto tiempo se desmoronara como una escultura de arena. ¿Acaso no habían recorrido el país llevando la esperanza a los más pobres, no habían bailado huaynos, comido papas y bebido chicha en vaso comunitario? ¿Qué faltó para persuadirlos de que no era la candidata de los ricos?

¿Qué faltó para lograr que la eficiente y bien educada derecha ganara las elecciones. Qué remedio podía evitar el triunfo de la envidia, del resentimiento, del rencor entre razas?

Cuando abre los ojos, cree tener la respuesta: para dar su voto resignado a Alan García, convertido por la pesadilla electoral en contrahecho salvador de la democracia, necesita que éste pida perdón al pueblo. Pero no de la manera elusiva propia de un político criollo. Que muestre arrepentimiento sincero y que pida el perdón del pueblo de una manera satisfactoria.

Arrepentimiento, penitencia y perdón
La ética cristiana exige el arrepentimiento sincero como condición para la salvación del alma. Pero en el ámbito terrenal, la sinceridad del arrepentimiento siempre debe someterse a la subjetividad de los juzgadores. Las palabras o los signos externos del arrepentido no son necesariamente suficientes para llevar a la certidumbre de un arrepentimiento verdadero.

La penitencia, en cambio, es un intento de prueba tangible del arrepentimiento y suele ser condición para el perdón. Judas Izcariote demostró su presumible arrepentimiento de una manera inapelable. En el medievo la penitencia se relacionó con la humillación y la mortificación de la carne. La Inquisición utilizó métodos extremos para producir confesiones y arrepentimientos. Las procesiones de penitenciantes con San Benitos, capirotes y velas verdes hicieron de la penitencia un acto público (que no siempre otorgaba el perdón en este mundo).

La autocrítica es en la política el equivalente de la penitencia aunque tampoco garantiza la rehabilitación. Por ese motivo, siempre que se ha tratado de temas fundamentales, la autocrítica ha sido una práctica poco común, o poco discernible, entre los políticos.

Los partidarios de García afirman que él ya ha hecho la suya aunque no haya satisfecho a todos y que, además, presentarse a las elecciones es someterse a las furias o a la clemencia de los ciudadanos.

Los electores que no votará por Humala en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del 2006 se compone de los que ya votaron por Alan y probablemente lo volverán a hacer sin necesidad de mayor trámite. Los que reconociendo el desastre de su gobierno tienen la seguridad de que Alan tiene la capacidad para hacerlo mejor. Los que jamás perdonarán su incompetencia y están seguros de que un segundo gobierno sería igual al anterior. Los que podrían perdonar los errores de un primer gobierno pero no pueden perdonar sus presuntos delitos contra la humanidad. Los que sin perdonarle, votarán por él porque le tienen menos miedo que a Humala. Y los que necesitan, tal vez, de ese gesto indefinible que les permitirá decidir en el último instante.

11.5.06

Memorias de la guerra sucia

Una de las quejas más banales de la primera fase de la elección presidencial peruana ha sido la del grupo político que quedó tercero. Ellos acusaron a los 2 primeros de haber motejado a su lideresa como "la candidata de los ricos". Es casi un mal chiste, pero pareciera que a los estrategas de Unión Nacional la producción de esta frase poco ingeniosa los agarró desprevenidos.


Es claro que un algún sector de los votantes de Lourdes Flores pertenecían o a la riqueza, o a la extrema riqueza. Pero, ¿acaso El Perú tiene 3 millones de ricos?... Entonces ¿Hay justificación para la lisura de motejar a Lourdes como "la candidata de los ricos"?... Es muy discutible. Pero entre muchos de sus partidarios existe la opinión de que esa acusación fue causa determinante de la derrota.

Generalmente, sin embargo, los candidatos no ignoran que el escenario político peruano está lejos de ser el reino de los buenos modales. Alan García sabía por ejemplo que le iban a decir asesino, corrupto, mentiroso, incompetente, loco, etc. todo lo cual le fue dicho en todos los tonos. Igualmente, Humala sabía que lo que a él le tocaba era asesino, cachaco autoritario, bruto, improvisado, títere, apañador de reciclados de todo pelaje. Ante este panorama de apocalípticos atributos, ser solamente la "candidata de los ricos" ya no luce tan terrible.

Buscando racionalizar la debacle electoral, los partidarios de Lourdes Flores resaltan la llamada “guerra sucia” y la sindican como determinante para la derrota. Sin afirmar que fuera el único error, es interesante que coincidan en reconocer como el error principal “el no haber respondido a tiempo” a la terrible injuria.

¿Qué pasa con la autoestima de los ricos?
Según toda apariencia en el Perú no hay peor estigma que ser “el candidato de los ricos” y esto nos debe llevar a preguntarnos qué hay tan de malo en ser ricos. (Para quienes nos hemos pasado la vida intentando vanamente llegar a ser ricos, éste es un tema francamente perturbador)

Ignoro cómo serán las campañas políticas fuera del Perú, pero aquí, aun si se prueba lo contrario, todos los candidatos afirmarán que son el “candidato de los pobres" y nadie, pero Nadie se atreverá a decir con dignidad "soy el candidato de los ricos ". ¿Por qué, señor, los seres no son de igual valor?

A favor de nuestros políticos debemos decir que por fortuna todavía nadie se ha atrevido a dar el salto y mandarle a alguien la chapa de “candidato de los blancos”. ¿Será sólo cuestión de tiempo...?

¿Es que somos realmente un país de resentidos en que la envidia se ha entronizado? La constatación de este fenómeno nos sume en siniestras cavilaciones y aporta argumentos a los desesperanzados que afirman que somos una republiqueta inviable.

Preferimos imaginar en las próximas elecciones algún redentor de los ricos que salga al frente con algún eslogan como:
- Somos ricos y qué
- Si, somos ricos pero queremos que todos los demás también lo sean
- Somos el partido de los peruanos emprendedores exitosos
- Somos el partido de los peruanos que sabemos como se hace la riqueza
Pero aun así, un éxito electoral de tal hipotético candidato sería muy sorprendente para decir la verdad.

Por otro lado, el mismo hecho de que los ricos intervengan en política debería proponer con justicia esta interrogante:
Si los ricos nunca pueden llegar a gobernar el país, ¿cómo es que han podido hacerse ricos?. Y si ellos no han necesitado ser gobierno para hacerse ricos, entonces ¿por qué se esfuerzan tanto en llegar a gobernar?

No será que así como la izquierda tiene éxito en lograr la supervivencia uniéndose fervorosamente al outsider de turno, así los ricos dejan relajadamente que las elecciones las gane cualquiera para luego "unirse" suavemente a él.

8.5.06

IDICE o el arte de la adivinación ( I )

Atrapada en esta estancia desconcertante, El Presente, la naturaleza humana no declina su fascinación por el incógnito océano del porvenir y rehúsa las plácidas sugerencias del carpe diem.
El conocimiento del pasado brinda un argumento poderoso para satisfacer esta inclinación. “Los hombres y los pueblos que ignoran su historia están obligados a repetirla”, dice una famosa sentencia. Pero es un hecho que conocerla no exime a los pueblos del gusto culpable por la reincidencia. Por otro lado, las imperturbables estadísticas afirman que entre los que llevan un diario personal hay alta tasa de suicidios exitosos.

Por lo pronto, el conocimiento de la historia, es insuficiente para satisfacer la obsesión humana por conocer el porvenir y beneficiarse de ese conocimiento. K. Dick, gringo alucinado por el futuro, creador de la historia de la película Blade Runner (que muriera sin gozar de un dólar de las ganancias de este clásico del cine), conjeturó en su novela "Minority Report" una sociedad futura en que los crímenes pudieran evitarse antes de que se cometan mediante un sistema mixto de adivinación, estadística y gran potencia de cómputo.

Desde los albores de la humanidad el hombre buscó un atisbo del futuro en la inspección de las entrañas de prójimos y animales, en los intrincados enunciados de los oráculos, en los arbitrarios sueños, en las formas en que el azar disponía varitas, hojas de te o de coca... En la antigüedad, la adivinación ocupaba un lugar muy próximo al ejercicio del poder, pero en los tiempos modernos, normalmente, el oficio parece haber decaído en prestigio. Pero tal vez esta constatación sea demasiado ilusoria.

La ilusión de que la adivinación como ciencia destinada a ayudar a gobernantes y emprendedores en el oscuro reino de los hados, ha decaído, se debe a la exitosa competencia de la teoría probabilística y a las ciencias sociales cuya feliz conjunción ha provisto de herramientas poderosas para predecir el futuro que gozan de amplio prestigio social.

La ciencia probabilística toma una pequeña muestra, pero adecuada, de un universo, la analiza apropiadamente y según los resultados hallados en la muestra, postula una aproximación a los resultados en el universo con un margen de error razonable. Tal vez estemos ante la versión contemporánea y adecentada del arte de los agoreros.

Pero la adivinación (cuando es infalible) sigue siendo mejor que los sondeos de opinión ya que no tiene margen de error. La falibilidad por desgracia sigue siendo una característica constitucional de los humanos. Pero para un futuro tal vez no muy lejano, debemos a aceptar la posibilidad de que una potencia de cómputo ilimitada pueda llevar el error estadístico a límites negligibles y que por lo tanto las computadoras nos acerquen a la quasi infalibilidad en el vaticinio del futuro.

Por otro lado, aunque el apetito por conocer el futuro con la adecuada anticipación es general para todos los miembros de la humanidad, la mayoría de los hombres no tiene a su alcance a adivinadores de calidad ni a empresas de sondeos de opinión de seriedad garantizada. Como es natural, el conocimiento del futuro que puede otorgar la capacidad de anticipación, sigue siendo prerrogativa de los poderosos que quieren seguir siendo poderosos o de ricos que quieren ser más ricos.
IDICE o el arte de la adivinación ( II )

En El Perú las empresas de sondeos políticos se dividen en 2 grupos: las serias e IDICE.

El grupo de las serias se caracteriza por su insobornable imparcialidad y por un núcleo de profesionales de alto perfil. Por esta razón son normalmente muy caras y sus servicios sólo están al alcance de instituciones poderosas. IDICE, en cambio, tiene lazos con el partido aprista y esta parcialidad, aunque no confesa, la aparta de las encuestadoras serias. Además, añade aspectos poco favorables a su imagen con un local institucional ubicado en un barrio populoso de pequeños talleres metal-mecánicos y ladridos de perros, y la única institución que no carece del valor para encargarle encuestas es la universidad Garcilazo de la Vega (que curiosamente también es sospechosa de aprismo). Y nadie sabe en qué pueda aprovecharle a una universidad privada una encuesta política.

Historia de una adivinación
Una de las condiciones para que las adivinaciones sean apetecibles es que permitan que se saque provecho ellas. Otra es que el provecho esté a buen recaudo de las multitudes y a discresión de los pocos y elegidos. Obviamente, esto exige que los adivinos dictaminen antes y no después de los hechos.

Que la difusión pública de las encuestas pueda o no interferir en el libre ejercicio de la voluntad popular es discutible pero, si fuera verdad que IDICE es una emanación aprista, esto indicaría que el APRA cree positivamente que si influye. Otros opinan, contradiciendo al sentido común, que las encuestas sólo proporcionan inocuas instantáneas del temperamento popular sin que ello pueda utilizarse en formar una predisposición a votar por tal o cual.

No fue extraño entonces que en la campaña política peruana de 2006, los sondeos de IDICE hallaran resultados que en numerales u ordinales, de alguna manera favorecieran al APRA. Muy a contrapelo de las encuestadoras serias que con la misma consistencia pero de manera coral, favorecían la candidatura de Lourdes Flores.

Los diarios y televisoras que publicaron en sus primeras planas estos resultados serios, mencionaron los resultados de IDICE, si lo llegaron a hacer, casi con roche. Con la misma convicción con que podrían dar la noticia de una cita con extraterrestres en la playa de Chilca.

En el grupo de las encuestadoras serias, la consistencia y la coincidencia de los resultados, excluía de la carrera al candidato aprista y revelaba la tendencia triunfal de la candidata de UN. Sólo para IDICE, García mantenía indeclinablemente una posición expectante.

A un mes de las elecciones, sin embargo, hasta las encuestadoras serias empezaron a detectar que la aceptación de García crecía, aunque muy tímidamente: era claro que no se trataba de una atropellada. Pero la última quincena previa, IDICE ya daba el 2do lugar a García mientras que las encuestadoras serias lo mantenían en 3ro, aunque admitiendo pendientes inversas en las curvas que no excluían la posibilidad de que éstas se llegaran a cruzar antes del día electoral.

Lo cual finalmente ocurrió: Alan García pasó a segunda vuelta en 2do lugar y desplazó a la candidata que poco antes fue favorita para llegar primera, al tercer lugar.

Pero lo más extraordinario de esta curiosa campaña adivinatoria es que, a pesar de todo, ninguna de las encuestadoras serias se equivocó: a boca de urna, todas las ellas dieron el 2do para García. Ninguna se equivocó. Sólo es justo mencionar el detalle diferencial de que IDICE tuvo a su disposición las artes necesarias para hacer una predicción pública del futuro con la anticipación debida y no después de los hechos, como las encuestadoras serias.

Y no es la primera vez... IDICE ha anticipado certeramente el resultado de 3 elecciones recientes y en todos los casos, oponiéndose a la los resultados de las encuestadoras serias. Quienes creemos en la seriedad y la decencia como valores imperturbables nos hemos quedado perplejos.

5.5.06

IDICE o el arte de la adivinación (III)

UNA GUIA PARA ESCOGER ENCUESTADORA
No se ha querido sugerir que IDICE fuera la única encuestadora seria mientras que las demás no lo eran. Se ha querido llamar la atención sobre el hecho de que esta encuestadora aprista (“no seria”), tendría que poseer un argumento secretísimo para ser certera sin necesidad de ser seria. Un argumento infalible para lograr el propósito único y máximo de todo adivinador: anticipar el futuro.

Si descartamos causas sobrenaturales que expliquen estos éxitos, y no nos es posible concebir que IDICE la aprista, posea matemáticos y científicos sociales que excedan la sabiduría de la competencia seria, no quedaría más que afirmar que IDICE basa sus éxitos exclusivamente en su buena suerte. Pero nada garantiza que esa racha de suerte de IDICE continue.

Poniéndose imaginariamente en el trance de escoger la encuestadora de nuestros sueños: la consideración de los resultados nos llevaría a considerar como buena y honrada a una encuestadora que acierta consistentemente. Si no acierta, o si acierta a destiempo, es digna de duda de incompetencia o corrupción. Es claro que este criterio nos obligaría a contratar a IDICE.

Pero si estamos convencidos de que IDICE es sólo una institución suertuda, tendremos que agenciarnos otro criterio para seguir la búsqueda.

EL MONJE, EL ENCUESTADOR Y LA FE PUBLICA

No hay profesión que más precise de una virtud impecable que la del encuestador: si una empresa de sondeos políticos, se tomara libertades con la ciencia para favorecer una determinada opción violentando el testimonio de la realidad, la fe pública sería bestialmente violada. Y la empresa disminuiría notablemente sus posibilidades de supervivencia. Teóricamente, claro está.

El perfecto encuestador tendría que ser fidedigno como un cura. Tendría que observar una moral rígida en su vida pública y privada. Tendría que hacerse patente mediante una especie de sotana que todos reconozcan para que pueda ser permanentemente observado. Y aunque esto fuese factible, sería insuficiente. No es posible tener una prueba objetiva de la decencia. Y la búsqueda tendría que continuar en el terreno de lo subjetivo. No es muy alentador, pero habría que escoger "al que me parezca más serio" para depararnos alguna efímera paz interior.

Las encuestas políticas serían irrelevantes si nunca llegaran a ser publicadas por los medios de comunicación. Si los intereses de un partido político, las encuestadoras y los medios de comunicación, fueran coincidentes, la fe pública estaría indefensa ya se trate de una dictadura como de una democracia. Los mecanismos de defensa con que cuenta la fe pública son insuficientes y no se han actualizado en concordancia al desarrollo de los medios de comunicación. La libertad de expresión y la fe pública y hasta la libre empresa se encuentran en una circunstancia de entrampamiento debido a que no se puede prohibir las encuestas, no se puede prohibir su publicación y no se puede impedir que la fe pública sea deformada.


De hecho, los medios de comunicación otorgan mucho de la relevancia de que gozan las encuestas políticas. Y eso es ya otra historia que nos podría llevar a imaginar un escenario orwelliano en que los intereses de un partido político, las encuestadoras y los medios de comunicación, resultaran coincidentes. La fe pública estaría inerme en dictadura como en democracia.

UN PARTIDO, UNA ENCUESTADORA
Los mecanismos de defensa de la fe pública son insuficientes y reaccionan tardíamente al cambio vertiginoso de los medios de comunicación. Los conceptos de libre empresa, libertad de expresión, fe pública se hallan en una circunstancia de gran confusión.

Y ya que no sería elegante (ni siquiera posible) prohibir las encuestas, o su publicación y por lo tanto no se puede impedir que la fe pública sea manipulada en sus entrañas, nos permitimos plantear tímidamente una solución.

Si nos atenemos a que la única encuestadora con probables lazos partidarios tiene un récord de exitos por encima del estándar... ¿por qué no propiciar la política de un partido, una encuestadora?

La virtud de cada partido político podría medirse por la actitud de sus encuestadoras. La confrontación de resultados versus votación develaría cuánto, y con cuánta concha se desenvuelve cada partido. Y esto sería una gran ayuda para la toma de decisiones electorales.

11.11.04

VARIACIONES SOBRE LÓGICA Y PERUANIDAD


Un peruano dosificadamente lógico podría esgrimir este razonamiento: no es posible que el Dr. Basadre Ayulo pueda ser un plagiador porque es hijo de nuestro más notable historiador de la república.

Si el Dr. Basadre Ayulo fuera una persona capaz de tan extraordinaria falta de sensibilidad: el plagio… entonces cabría la posibilidad de que haya aprendido estas torcidas artes en el seno de su hogar. Estaríamos en frente de un escenario por demás inquietante: gran parte de la historia del Perú tendría que ser minuciosamente revisada. Ergo, ningún peruano que sea hijo de ilustre historiador puede ser un plagiario.

Tan patriótico conservadurismo no ocurre en el Perú. Pero no estoy seguro de si esto será un rasgo afortunado de nuestra índole o no.

Si pensamos en 2 personas a quienes conocemos con cierto grado de intimidad, y se suscita un delito que sólo podría haber sido cometido por una de esas 2 personas, es probable que, basándonos en nuestra percepción de los antecedentes de cada uno de ellos, nos inclinemos a sospechar cuál habría sido capaz de hacerlo y cuál no. Esto es, una especie de juicio previo.

Los humanos suelen hacerlo así, pero sólo algunos creemos, si se me permite la intromisión, que podemos equivocarnos al prejuzgar. Algunos tienen el sentimiento de poseer la RAZON tan vívido y profundo que son capaces de saltar instancias alegremente hasta llegar a la ejecución sumaria del reo.

Es el caso -para qué lo vamos a negar- de la inmensa mayoría de los peruanos que no sentimos temor alguno en crucificar a nadie siempre que sea de nuestra propia nación. No he podido encontrar en el periodismo nacional ni una sóla actitud que se parezca a la imparcialidad, al menos transitoria, ni mucho menos un rasgo de conmiseración ante la desgracia ajena. Nadie siquiera que se haya preocupado por someter a escrutinio los hechos. Nadie en el Perú. Afuera, el supuesto agraviado Tomás Eloy Martínez se somete, con retórica elegancia, a juicio diciendo que está dispuesto a ofrecer disculpas si le demuestran que el artículo se ha publicado con otro nombre en un medio respetable antes del 24-7-04.

Los 2 artículos identificables (cuyos títulos se diferencian únicamente por el adjetivo “vergonzoso”) y aparecidos en Lima el mismo día en 2 diarios distintos, nos imponen a los peruanos una circunstancia muy definitoria. Si esto hubiera ocurrido en Buenos Aires, ocurriría lo mismo pero con una muy probable diferencia: los argentinos hubieran crucificado, por lo menos transitoriamente, al extranjero.

No en el Perú.

Pero tampoco es fácil juzgarnos a nosotros mismos. ¡Hasta podríamos resultar inocentes! Aquí sabemos que no hay castigo para esta clase de delitos. Mas bien todo lo contrario. La experiencia dice que el ser pillado en plagio flagrante es en el Perú es un signo premonitorio de una rutilante carrera en la vida pública.

Así que, lejos de atender a la ilusión de un castigo perdurable, nos solazamos con el goce efímero de la maledicencia. Tal vez sea todo a lo que podemos aspirar.

Por algo el Perú es tierra de remedadores (con perdón de mis amigos Los Chistosos).

19.8.03

OBJECIONES VERDADERAS


Tengo que reprocharme que mis objeciones sean extemporáneas. La noticia de la instauración de la CVR durante el gobierno de Paniagua no se sometió nunca que yo recuerde a un amplio debate público. En apariencie no había necesidad: ¿acaso podría alguien oponerse al esclarecimiento de lo que realmente pasó? ¿Quiénes murieron realmente, quiénes los mataron, dónde ocultaron sus restos?

¿Quien podría oponerse a que, si esto fuera posible, el estado pudiera resarcir a todos los que perdieron algo o a alguien? Claro está, si esto fuera fáctica, humana e históricamente posible. Sin embargo, sostengo que un ciudadano puede ser adverso a la CVR proponiendo razones y sin necesidad de que sobre su alma se haya obrado una posesión demoníaca.

Aquí propongo algunos argumentos:


1) AL PRINCIPIO FUE EL VERBO:

La comisión tuvo el nombre “de la Verdad” y luego “de la Verdad y de la Reconciliación”.

Verdad es una palabra mayor. Y aunque es muy posible que los curas, los evangelistas y los militares no tengan dudas al respecto, los filósofos si saben cuan compleja e inasible suele ser la verdad. Los marxistas, bien entrenados en navegar las agitadas aguas de la dialéctica, tampoco ignoran lo indócil del concepto. Los fujimoristas, finalmente siempre tuvieron un sentimiento muy flexible ante este concepto.

Por la conformación de la CVR, podemos deducir que el informe deberá tener cuidadosos y largos prolegómenos para explicar a qué se refiere específicamente su nombre, irremediable ampuloso y/o efectista. Mi atención estará en la justificación del nombre (que presumo redactará el comisionado Lerner), especialista en filosofía. El trabajo de ponerse de acuerdo entre los miembros de la comisión de notables no ha de ser fácil.

La parte “Reconciliación” es por lo menos tan difícil. Sólo se pueden reconciliar los que se han disputado. Si los que se han disputado son el estado peruano y sendero luminoso, la reconciliación no parece posible. Por otro lado, si planteamos que la sociedad peruana es un grupo en el que hay diferencias irreconciliables, dudo que una junta de notables llamada CVR logre el ansiado sueño de la reconciliación nacional.

Pero el nombre de la CVR ya existía cuando se le propuso a cada comisionado su pertenencia al mismo, el nombre antecede a la creatura, al principio fue el verbo. Mi parecer es que por lo menos algunos de los comisionados tendrían que haberse negado a pertenecer a una institución con un nombre tan controversial.


2) EN EL PERÚ, LAS ENFERMEDADES O SE CURAN SOLAS O NO SE CURAN NUNCA

Es triste, pero la historia del Perú, parece avalar con ejemplos innumerables el cumplimiento de esta cínica ley empírica.

La CVR es producto del trabajo persistente de un grupo de instituciones no gubernamentales que desde los años 80 se ocupa de la defensa de los derechos humanos. Que estas instituciones tienen vínculos con grupos de ideología marxista y con un sector de la iglesia, no es secreto para nadie. Pero ser marxista, como ser aprista, o cura no puede descalificar a nadie.

Habiéndose dado por concluido el período de violencia política, estas instituciones quisieron dar continuidad a su labor de los últimos 20 años impulsando una junta de la más alta credibilidad posible, que aborde la tarea de “cerrar las heridas”, esclarecer los eventos luctuosos que hubieran sido oficialmente ocultados o soslayados, esclarecer la suerte de las personas declaradas “desaparecidas”. Todo esto es absolutamente justificado.

Lo dudoso es que el propósito básico de cerrar las heridas pudiese lograrse.

La situación es previsible y tiene antecedentes cercanos: la presunta curación de las heridas de unos significa de hecho la apertura de nuevas heridas. ¿La misión de la CVR era entonces determinar cuales se abren y cuales se cierran en mérito a la VERDAD?

Se ha dicho que tal misión es absolutamente impostergable y que compromete la continuidad del país como nación.

Es dudoso que tal argumentación desmienta la triste lección de la historia: podríamos ir más atrás pero aceptemos un somero y caprichoso repaso del catálogo de nuestras tragedias nacionales a partir de 1532.

Ese año, en Cajamarca, 400 soldados españoles masacraron a un ejército de 60,000 cuzqueños dando inicio a una proceso de sometimiento que en un siglo y medio causó la merma de la población en 6 millones de personas. Más de 200 años después, en 1781 ocurrió la más importante rebelión india contra el poder español. La represión realista devolvió multiplicadas las atrocidades que se ejercieron y acabó definitivamente con las expectativas de expulsar a los españoles para reinstaurar el imperio de los incas. En las guerras de la independencia no se luchaba más por retornar al incanato: los españoles criollos se habían cansado de pagar tributo al rey. Los ejércitos, en ambos bandos, estaban conformados mayoritariamente por indios, como es natural. La cantidad de muertos es indeterminada. Y la mortandad del pueblo indio y mestizo continuó con las guerras entre caudillos militares.

La guerra con Chile es otra gran tragedia nacional. La muerte, el hambre y la traición afligieron una vez más a nuestro pueblo. Otra vez las víctimas son innumerables. En el año de 1932, llamado "el año de la barbarie", se ejecutó el primer bombardeo aéreo en la historia de la aviación mundial (antecediendo a la tristemente célebre Legión Condor). El protagonista, la FAP. El objetivo: la ciudad de Trujillo en el Perú. Y nunca ninguna de estas tragedias escogidas al azahar necesitó del alivio que le brindara una junta de notables que se dedique a curar esas terribles heridas espirituales. Podemos volver a la actualidad y preguntar con el debido respeto por los muertos: ¿Por qué razón, una guerra mal curada con 25,000 bajas va a interrumpir el inverosímil proceso de construcción de la nacionalidad peruana? La historia del Perú no ha comenzado hace 25 años.

Una comisión de ajuste las cuentas no es mala idea. Pero sostener que la viabilidad de la nación dependa de ello es delirante.


3) LOS “CÍVICOS” (Y LOS CAVIARES) EXISTEN

No sé qué malabar podrían hacer nuestra junta de notables (la CVR) para que sus conclusiones no tengan sesgo político. No creo que tal cosa sea posible.

La institución de la CVR no tiene origen en un evento onírico como el del generalísimo don José de San Martín poco antes de inventar la bandera peruana. Tanto Paniagua como Toledo, cumplieron con acuerdos previos y multipartidarios, compromisos de las mesas de concertación por ante la OEA y que se prepararon en la misma cocina en que se gestó la debacle del gobierno fraudulento de Fujimori.

Los gestores de la CVR no son un misterio: son las ONG de defensa de los derechos humanos vinculadas con rezagos de la izquierda marxista, las organizaciones de los sectores liberales de la iglesia católica, rezagos del movimiento neoliberal que lideró Mario Vargas Llosa en los 90, y los partidos políticos más desgastados durante el período fujimorista y durante el régimen en curso.

El informe de la CVR es por lo menos el intento de escribir un acta fundacional de un novedoso (peron nada nuevo) movimiento político que es a su vez heredero de una largamente asentada tradición.

Los medios de comunicación adictas al fujimorismo acuñaron hace tiempo el término “cívico” para denominar a un grupo que sin pertenecer al partido de gobierno, era muy influyente y participaba de una considerable cuota de poder. Fernando Vivas, periodista de Caretas, publicó su mortificación por denominar con ese término a los “demócratas de centro”. No les agrada la denominación “cívico”. Pero es imposible negarles el atributo de la sustancia: los “cívicos” existen. Les tenemos que denominar provisoriamente de esa manera hasta que ellos mismos tomen un nombre que les parezca apropiado.

Gracias a la CVR la opinión pública en el Perú se ha polarizado. No me parece que esto sea necesariamente malo. Muchos jóvenes hallarán que la política no tiene que ser algo repugnante, y que mientras más personas de sólida moral adopten la lucha política, tanto mejor para la sociedad.

El insigne pintor Fernando de Szyzslo afirma sin ápice de malicia en una entrevista periodística:
“... no se puede vivir de espaldas a lo que pasó si queremos ser un país viable algún día. Hay tres conjunciones en contra de la CVR: en primer lugar los apristas, en segundo lugar algunos militares y en tercer lugar, por supuesto, la mafia del fujimorismo. A ninguno de ellos le interesa que se sepa lo que pasó.”
(El Dominical de diario El Comercio 24-8-03)

La obra de Szyzslo se inspira en el pasado prehispánico, sin embargo parecería que nos quisiera convencer de que la historia del Perú empezó en los 80. ¡No “vivir de espaldas a lo que pasó” implica mucho más que ocuparse de los últimos 20 años!

Su mensaje es claro, sólo hay UN tipo de peruano que desea la viabilidad de la nación. A ese tipo no pertenecen ni apristas, ni algunos militares, ni mafiosos fujimoristas. No hay medias tintas. Los únicos que desean y tienen lugar en un país viable sólo pueden pertenecer a uno, el mejor de los grupos en que está dividido el país: el de los buenos.

Ese es el lado siniestro del asunto. La separación del cosmos entre dos bandos irreconciliables: los ejércitos angélicos y las hordas satánicas. En esta idea hay una nota de conservadurismo tarado y despreciable: la voluntad de repetir al infinito las miserias de nuestra historia.


4) Cómo escoger los miembros de una junta de notables en el Perú

(continuará)

22.7.03

LA DIMENSIÓN INTOLERABLE


Mi primer recuerdo de una vívida sensación tridimensional no es del plácido espacio en que transcurrimos.

Procede de unos curiosos instrumentos parecidos a binoculares que un hombre exhibía sobre una pequeña mesa, a la salida de la escuela. Los extraños aparatos servían para ver el contenido de unos discos con temas propios de aquellos notables días: La Cenicienta, Pinocho, La Bella Durmiente y otros menos conocidos de la constelación Disney. Ese aparato (que deseé pecaminosamente) me enseñó la profundidad del mundo.

Aprendemos que el mundo es tridimensional, y en cierta forma podríamos decir que esto nos consta ya que nuestro organismo cuenta con los dispositivos sensoriales para atestiguarlo.

Pero estos dispositivos actúan de una manera errática y desconcertante.

Algunas figuraciones del futuro postulan fotografías y cine tridimensional. No dudo que técnicamente esto sea factible. Dudo que tales inventos puedan llegar a tener alguna utilidad. Especialmente en lo que concierne a reemplazar lo que conocemos como cine y a su moroso sucedáneo la televisión.

Recuerdo un programa de TV de la exitosa serie de Los Simpson. En este episodio, Homero atravesaba una puerta que separaba un mundo bidimensional a un mundo tridimensional y se convertía ante nuestros ojos, de un simpático tontón en una engendro monstruoso. Este es un caso de que nuestra preferencia por la añadidura de la tercera dimensión no es omnímoda.

Además. “ese 3D” no es real. Usa de los programas informáticos de modelación y animación 3D en que la perspectiva y la iluminación acentúan la ilusión de profundidad. Pero es evidente que el plano de la pantalla se mantiene inconmovible.

R. Joffé dirigió a mediados de los 80 una película llamada La Misión. En ella, De Niro es un español del siglo 18 que en un momento de cólera incontrolable mata de una estocada a su propio hermano. El instante inmediatamente posterior a la muerte, cuando cede la ira y la reemplaza una palpitante, intolerable lucidez, fue filmado por el director de fotografía Chris Menges mediante un procedimiento de movimientos simultáneos de signo contrario: la cámara se aleja del sujeto cuando al mismo tiempo el lente “entra” en zoom-in. El movimiento, muy cuidadosamente ejecutado, no altera el tamaño del asesino en la pantalla. Lo que si se altera es la “profundidad de campo”. Se opera un cambio en el tamaño y en la nitidez de los fondos que provoca una especie de descompresión de la imagen o la repentina aparición de la profundidad. Mucho conviene este artificio para recrear la sensación del momento en que el personaje enfrenta a lo irreparable.

He sido testigo de muchos momentos como este. Siempre ocurre como una repentina profundización del universo. Como si nuestra pequeña pantalla cotidiana explotara en una profundidad infinita para dejarnos más indefensos ante el inexplicable cosmos.

Los momentos de descubrimiento inesperado, glorioso o demoledor, tienen el mismo efecto. También ocurre en los viajes, cuando a la vuelta de unas horas de avión, todo es nuevo y distinto a nuestro paisaje cotidiano. Lo mismo ocurre en el retorno después de una ausencia prolongada.

Pero la asombrada constatación que ha dado lugar a esta nota es que estos momentos horrorosos o espléndidos en que el mundo se enriquece con una nueva dimensión, tienden a no duran mucho. Estos momentos de cristalina nitidez, ceden pronto de su máxima tensión y retornan a su flacidez original.

La realidad poblada de ansiedades con sus reclamos utilitarios y apetitos minúsculos, nos restituye a nuestra modesta y sólita bidimensionalidad.

El mundo en 3D es insostenible. Es claro que los humanos a pesar de vivir en ella estamos dotados de la desconcertante capacidad de suprimirla.
Aunque la conocemos, no nos es posible sostener la percepción clara de esa tercera dimensión.

Sin embargo exigimos un sucedáneo notoriamente falso, pero tolerable: por ejemplo video juegos 3-D.

El mundo propone esta curiosa paradoja. Vivimos en un mundo real tridimensional pero estamos dotados de procedimientos anti-perceptivos para cuasi suprimir una de las dimensiones de este mundo. Por otro lado nos precipitamos hacia nuestros monitores o pantallas de video que en su inalterable platitud miman una realidad 3-D.

La voluntad de jugar, es un gran impulso para la industria de las computadoras. Los programadores de video juegos exigen cada vez más capacidades a los fabricantes de tarjetas gráficas. Estas deben poder crear en los monitores imágenes ilusoriamente tridimensionales “que sean cada vez más realistas”. Para eso se requiere de procesadores gráficos cada vez más rápidos y poderosos. Al otro extremo de esa cadena hay un insaciable jugador anhelante de los modestos atisbos de tridimensionalidad que le han sido deparados.

29.6.03

El cine inmóvil

¿Quiénes tienen la razón, los millones de personas que en el vasto mundo afirmarían sin dudar que el cine y la televisión son imágenes en movimiento, o los pocos miles de ingenieros y filósofos que ante tal afirmación esbozarían una sonrisita conmiserativa y explicarían que sólo existen las imágenes fijas y que “la imagen en movimiento” no es más que una ilusión?

Es verdad que los ingenieros y los filósofos no mienten porque “la imagen en movimiento” no es más que la sucesión de numerosas imágenes quietas. Cuando pasan a la velocidad adecuada, nuestro cerebro, gracias a una dichosa imperfección hace que las veamos continuas y en movimiento.

Cuando se permite aflojar los sólidos lazos que lo atan al cotidiano mundo, el filósofo talareño Rogelio Llanos suele decir : “entre la realidad y la ficción… prefiero la ficción”.

Comparto con él la opinión de que la estofa de la que está fabricada la inquietante realidad es la ilusión.